El miedo que te frena: cómo la ayuda equivocada puede ser peor que el intento I
Todos hemos querido intentar algo nuevo y nos hemos sentido perdidos. Esa sensación de incertidumbre nos paraliza: no sabemos por dónde empezar ni si lo que haremos será correcto. Surge entonces el miedo, silencioso pero poderoso, que nos susurra que tal vez es mejor buscar ayuda externa, alguien que nos guíe o nos dé seguridad.
Al principio, esa ayuda parece la solución perfecta. Nos sentimos aliviados, protegidos del miedo, pero pronto descubrimos que depender de ella nos limita. Repetimos caminos que no son nuestros y evitamos enfrentar lo desconocido. Paradójicamente, al intentar escapar del miedo, volvemos al mismo punto: el temor sigue siendo el verdadero obstáculo.
Cuando la ayuda usa tu miedo en tu contra
No toda ayuda es inocente. A veces aceptamos soluciones diseñadas para calmar nuestro temor —asesorías rápidas, atajos cómodos, «soluciones» que prometen evitar el riesgo— y solo después nos damos cuenta del precio real. Esa ayuda puede anular nuestra iniciativa, atarnos a métodos ajenos, crear dependencia y cobrar tiempo, autonomía o dinero que supera con creces lo que habría costado intentar y aprender por nosotros mismos. En el peor de los casos, la ayuda convierte el miedo en una moneda: cuanto más dependes, más caro te sale mantener la sensación de seguridad. Así, lo que parecía una salvación termina siendo una deuda con tu capacidad de experimentar y resolver.
Intentar con miedo es incómodo, provoca dudas y hace que cada paso cueste. Pero es justamente ese enfrentamiento con lo desconocido lo que nos permite crecer. El miedo no desaparece porque alguien más actúe por nosotros; solo disminuye cuando decidimos movernos a pesar de él. Cada error, cada tropiezo, es una señal de que avanzar es posible.
Al final, comprendemos que nuestros mayores problemas no surgen del fracaso, sino de renunciar a intentarlo. El miedo a fallar, a perdernos, a lo nunca antes visto… es el origen de muchos bloqueos. Enfrentarlo —aunque con miedo— es la única manera de conservar nuestra autonomía y aprender de verdad.

Deja un comentario